SALVADOR SÁNCHEZ-BARBUDO MORALES, (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1857 – Roma, 1917).
“El Cardenal”, Roma.
Óleo sobre lienzo.
Firmado y localizado en el ángulo inferior derecho.
Presenta restauración visible al dorso.
Medidas: 40 x 31 cm.; 48 x 39 cm. (marco).
Pintura resuelta con la técnica preciosista característica de Sánchez-Barbudo. Los tonos cálidos y regios del rojo cardenalicio contrastan con los dorados de la madera y los blancos de las blusas. El terciopelo de la butaca armoniza con el color de la capa del cardenal, que cae en cascada y se pliega en drapeados quebrados. Con sus gafas sin montura, expresa concentración mientras escucha a su asistente leer una carta, probablemente una misiva de importancia política o religiosa. Sobre la mesa, el tintero es sugerido con pincelada rauda. Mínimos elementos otorgan carácter intelectual y diplomático a la escena.
Interesado desde pequeño por el dibujo y la pintura, Sánchez-Barbudo inició su formación en el taller del restaurador Pedro Vera. A los diecinueve años se traslada a Sevilla para estudiar en la Escuela Provincial de Bellas Artes, gracias al apoyo de su protector y mecenas, el Marqués del Castillo, y allí se convertirá en discípulo de José Villegas. En 1878 viaja a Madrid para ampliar su formación, permaneciendo en la capital cuatro años. En 1881 toma parte en la Exposición Nacional de Bellas Artes y es galardonado con medalla de tercera clase por su obra “Un salón de esgrima”. Al año siguiente marcha a Roma junto a su maestro. Debido a la influencia de éste, y dado que Villegas era amigo de Rosales, Fortuny, Zamacois y otros, además de pintor con magnífica clientela (Vanderbilt, Stuard, Krupp…), Sánchez-Barbudo se inició en el género de moda, el historicismo costumbrista (conocido como temática de casacones). Fascinado por el ambiente artístico de la capital italiana, Sánchez-Barbudo decide instalarse y, desde entonces, hacer de la ciudad la protagonista de su pintura. Cultivó, además de los temas de casacones, las escenas de alta sociedad y el paisaje, en cuadros de pequeño formato, y destacó de manera especial en el retrato. Ocasionalmente envió obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid. En 1884 mandó a España el monumental lienzo titulado “Hamlet. Última escena”, con el que ganó una segunda medalla en la Nacional de ese mismo año. Exportó sus obras especialmente a Inglaterra, donde sus pinturas de costumbrismo historicista tuvieron una extraordinaria acogida, gozando él mismo de fama de pintor exquisito. Sánchez-Barbudo demuestra en sus obras un perfecto dominio de las bases del género: sabia combinación de naturalismo burgués y preciosismo de factura suelta. Su pincelada es rápida y precisa, y aporta al cromatismo una vibración y variedad totalmente personales. Trabajaba a base de toques menudos, tanto en las figuras como en los escenarios, prestando una especial atención a la atmósfera. Fue además un excelente acuarelista y grabador.