ACHILLE BENOUVILLE (París, Francia, 1815- 1891).
“Vista de la Iglesia de Santa Cruz de Jerusalén en Roma”, 1853.
Guache y acuarela sobre papel.
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo.
Medidas: 28 x 45 cm; 48 x 64 cm (marco).
Paisaje protagonizado por a Iglesia de Santa Cruz de Jerusalén. Según la tradición cristiana, la basílica fue consagrada hacia 325 para albergar las reliquias de la Pasión de Jesucristo traídas a Roma desde Tierra Santa por la emperatriz Helena, madre del emperador romano Constantino I. Se supone que el suelo de la basílica estaba cubierto de tierra de Jerusalén, por lo que adquirió el título de in Hierusalem; no está dedicada a la Santa Cruz de Jerusalén, pero la basílica se consideraba en cierto modo «en Jerusalén».
Achille Benouville fue un paisajista francés, conocido sobre todo por sus paisajes italianos. Junto con su hermano menor François Léon, completó su aprendizaje primero en el taller de François-Édouard Picot y después en el de Léon Cogniet. Comenzó su carrera realizado diversos paisajes en los alrededores de París, Compiègne y Fontainebleau, hasta que expuso por primera vez en el Salón en 1834. Posteriormente se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de París y obtuvo el segundo premio de Roma, en la categoría de paisaje histórico. En los años siguientes, viajó tres veces a Italia, una de ellas en compañía de su amigo y mentor Jean-Baptiste Camille Corot, con quien compartió su estudio romano en 1843.
En 1845, ganó el Prix de Rome con el cuadro «Ulises y Nausicaa». A continuación, marchó a Roma, donde permaneció tres años en la hospedería de Villa Médicis. Al término del periodo que le concedió el premio, Benouville decidió quedarse en Italia, donde ejerció su arte durante veinticinco años, aunque siguió exponiendo en los Salones parisinos. Benouville se mantuvo fiel al género del paisaje histórico durante toda su vida, en la estela de Claude Lorrain, aunque con el paso de los años fue depurando su técnica y su manera expresiva, que al principio era claramente académica. Sus efectos de luz revelan la influencia de Corot y fueron particularmente apreciados. Esto es muy evidente en algunas de sus obras, como la «Vista de una villa romana». Benouville también prestó más atención a la precisión y a la claridad de los detalles que el propio Corot.