Escuela romana o española; siglo XVIII.
“Retrato de cardenal”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 92 x 76,5 cm; 106 x 89 cm (marco).
En este lienzo se representa al cardenal ataviado con todos los símbolos de su rango, con el bonete sobre su cabeza escribiendo. Todos los elementos simbólicos y escenográficos quedan en un segundo plano, dado que el pintor concentra el protagonismo y la atención del espectador, en el personaje. Su expresión es amable y abierta pese a lo rígido de su postura. El cromatismo, en torno a los tonos rojos propios de la indumentaria cardenalicia, se conjugan con blancos enormemente matizados y los ocres y terrosos del fondo, unificados bajo una atmósfera naturalista.
Frente al exuberante y elegante retrato, de virtuosa y elaborada ejecución, a principios del siglo XVII se desencadenó una reacción general afirmada en la austeridad compositiva y en la sobriedad operativa durante el siglo XVIII. Así, frente al afán de lucimiento virtuosita del siglo anterior, los retratistas del barroco recuperaron los modelos anteriores de manera más sobria y sólida, centrándose en la caracterización de los personajes, la elegancia de las poses y la delicada captación de las calidades de los diferentes objetos. El hecho de que este género de pintura se desarrollase en mayor, se debe al florecimiento comercial de dichas ciudades. Lo cual favorecía el inició de una incipiente burguesía que aunaba las riquezas estableciéndose así en un rango social más alto y favoreciendo por lo tanto el desarrollo de un género pictórico que favorece la pompa y el reconocimiento personal, como es el retrato.