Escuela manierista española; segundo tercio del siglo XVI.
“Adoración de los pastores”.
Óleo sobre tabla. Engatillada.
Presenta restauraciones en la superficie pictórica y daños provocados por xilófagos.
Medidas: 115 x 95 cm; 138 x 117 cm (marco).
En esta tabla se representa un tema clásico en la Historia del Arte, el de los pastores adorando al Niño Jesús recién nacido en el portal de Belén. Se trata de una escena que normalmente se presta a ser interpretada como una amplia composición con numerosos personajes, trabajada en clave costumbrista. Sin embargo en esta obra se puede apreciar un número reducido de tal manera que la imagen queda protagonizada por la Sagrada Familia y un único pastor. Los paisajes azulados e idealizados que se divisan tras las ventanas denotan influencia de la escuela flamenca. Estamos ante una pintura de época renacentista y escuela castellana. La precisión del dibujo acoge ricas gamas de color, a las que la luz otorga matices argénteos. España es, a comienzos del siglo XVI, la nación europea mejor preparada para recibir los nuevos conceptos humanistas de vida y arte por sus condiciones espirituales, políticas y económicas, aunque desde el punto de vista de las formas plásticas, su adaptación de las implantadas por Italia fue más lenta por la necesidad de aprender las nuevas técnicas y de cambiar el gusto de la clientela. Pronto se empieza a valorar la anatomía, el movimiento de las figuras, las composiciones con sentido de la perspectiva y del equilibrio, el juego naturalista de los pliegues, las actitudes clásicas de las figuras; pero la fuerte tradición gótica mantiene la expresividad como vehículo del profundo sentido espiritualista. Esta fuerte y sana tradición favorece la continuidad de la pintura religiosa añadiendo un sentido del equilibrio que evita su predominio sobre el contenido inmaterial que anima las formas. En los primeros años de la centuria llegan a nuestras tierras obras italianas y se produce la marcha de algunos de nuestros artistas a Italia, donde aprenden de primera mano las nuevas normas en los centros más progresistas del arte italiano, fuese Florencia o Roma, e incluso en Nápoles.
Cabe destacar el tratamiento del color, con una paleta de colores brillantes que únicamente se oscurecen en los últimos planos. Por las características técnicas, como el modelado de las formas, las tonalidades utilizadas, el tipo de composición, e incluso los detalles estéticos utilizados en el tratamiento de las telas que conforman la escena, esta obra puede inscribirse dentro de la escuela manierista. De hecho, un rasgo muy característico de dicha escuela es el alargamiento anatómico.