Escuela francesa o española; c. 1700.
“Retrato de caballero de la orden del Santo Espíritu”.
Óleo sobre cobre.
Medidas: 10 x 7,5 cm; 18 x 14 cm (marco).
Retrato de caballero de la orden del Santo Espíritu. La captación psicológica de profundo carácter en la mirada, el punto de vista representado en la escena, la suntuosidad en los detalles de los ropajes y el empleo de los colores entre luces y sombras evidencian la calidad del artista.
El retrato como género alcanzó una gran popularida, consecuencia de las nuevas estructuras sociales que se implantaron en el mundo occidental a lo largo de esta centuria, encarnando la expresión máxima de la transformación del gusto y la mentalidad de la nueva clientela, surgida entre la nobleza y la alta burguesía adinerada, que tomaría las riendas de la historia en este periodo. Mientras los círculos oficiales dieron preponderancia a otros géneros artísticos, como la pintura de historia, y el incipiente coleccionismo alentó la profusión de los cuadros de costumbres, el retrato acaparó la demanda de pintura destinada al ámbito más privado, como reflejo del valor de lo individual en la nueva sociedad. Este género encarna la presencia permanente de la imagen de sus protagonistas, para su disfrute reservado en la intimidad de un estudio, al calor cotidiano de un gabinete familiar o presidiendo los salones principales de la casa.