Escuela italiana; siglo XVIII.
“Inmaculada con Niño”.
Óleo sobre lienzo.
Presenta faltas y perforación en la superficie pictórica.
Conserva marco de época.
Medidas: 30 x 21 cm; 48 x 38 cm (marco).
Este óleo sobre lienzo, atribuido a la Escuela Italiana del siglo XVIII, representa una escena de profunda carga simbólica y devocional: la Inmaculada Concepción con el Niño Jesús. La Virgen María es la figura central, representada con un manto azul profundo y una túnica blanca, colores tradicionales que evocan pureza y realeza. Su pose, con las manos juntas en actitud de oración y su mirada elevada, sugiere una conexión celestial y una disposición piadosa. Su cabeza está rodeada de una sutil aureola de estrellas, una alusión a su condición de Reina del Cielo.
A sus pies, la figura de un dragón de tonalidades verdosas y escamas afiladas se retuerce en derrota. Esta bestia simboliza el mal, el pecado original vencido por la Virgen, acorde con la iconografía de la Inmaculada según el Apocalipsis (12:1), donde se menciona a la mujer vestida de sol que aplasta la cabeza de la serpiente.
En un detalle significativo, el Niño Jesús, vestido apenas con un paño rojo, se encuentra sobre las rodillas de María. Con una expresión serena y gesto inocente, sostiene una lanza dorada con la que parece golpear o atravesar la cabeza del dragón, enfatizando la idea de victoria sobre el mal. La interacción entre ambos refuerza la relación maternal y divina de la Virgen con su hijo.
La obra muestra características típicas del arte barroco tardío, con un dramatismo expresado a través del uso del claroscuro y los contrastes cromáticos. La pincelada detallada en los rostros y la textura de las telas denota una técnica refinada, propia de la tradición pictórica italiana del Setecento. Los colores brillantes y la disposición de las figuras generan una composición dinámica, mientras que el fondo neutro, con matices dorados y nubes etéreas, enmarca la escena de manera celestial.
El motivo de la Inmaculada Concepción fue ampliamente promovido en el arte europeo, especialmente en Italia y España, durante los siglos XVII y XVIII, en respuesta a la consolidación del dogma mariano. Esta pintura no solo exalta la pureza de María, sino que también enfatiza su papel en la redención humana al sostener al Niño Jesús como símbolo de la salvación.