Escuela española; c. 1820.
“Bodegones”.
Óleo sobre cartón (x4).
Posee marcos de época.
Medidas: 45,5 x 60 cm (x4); 50,5 x 65 cm (marco, x4).
Estos cuatro bodegones, fechados alrededor de 1820, son una magnífica representación del género pictórico que busca capturar la riqueza y la variedad de los alimentos y utensilios cotidianos. Con un estilo que evoca la tradición barroca, estas composiciones destacan por su uso del claroscuro, la textura meticulosamente detallada y una distribución equilibrada de los objetos en la escena.
En el primero, el protagonismo lo tiene un pez dispuesto sobre un plato de barro, acompañado de una cebolla, pimientos rojos y pequeños hongos. A un lado, una cesta tejida rebosante de castañas aporta un elemento rústico y otoñal. El fondo oscuro y la luz dirigida realzan la textura del pescado y la piel brillante de los vegetales.
El segundo bodegón presenta una escena refinada, con una fuente de porcelana decorada con pequeñas manzanas rojas y un huevo en un copón de plata. La presencia de una copa de cristal invertida, botellas de vidrio y recipientes de cerámica sugiere un entorno doméstico elegante. El reflejo en los objetos de cristal y la loza esmaltada refuerzan el realismo de la composición.
En el tercero, los elementos giran en torno a una mesa de cocina en la que destacan varios peces sobre un plato, un mortero de barro, una botella de vidrio oscuro y recipientes de laboratorio. La inclusión de un catalejo y un papel doblado con un cuchillo insinúan un posible contexto científico o filosófico, más allá de lo puramente gastronómico.
La composición más opulenta del conjunto es la del cuarto bodegón, donde una langosta de intenso color rojizo se exhibe como pieza central, rodeada de frutas exuberantes como higos, uvas, granadas y melón partido. Una lámpara de aceite y utensilios de cobre sugieren la preparación de una comida lujosa. El uso de contrastes entre superficies duras y brillantes (caparazón de la langosta, loza) y las texturas suaves y jugosas de las frutas aportan dinamismo a la escena.
En conjunto, estos bodegones reflejan no solo la abundancia de la época, sino también una intención simbólica, en la que cada elemento puede aludir al paso del tiempo, la fugacidad de la vida y los placeres terrenales. El detallismo en las texturas y los juegos de luz demuestran una fuerte influencia de la pintura flamenca y española del Siglo de Oro, reinterpretada en un contexto del siglo XIX.