Escuela italiana; siglo XVIII.
“Judith con la cabeza de Holofernes”.
Óleo sobre lienzo.
Conserva tela original.
Posee marco de c. 1850.
Medidas: 120 x 94,5 cm; 134 x 108 cm (marco).
Esta pintura del siglo XVIII, perteneciente a la escuela italiana, representa el episodio bíblico de Judith y Holofernes con una composición de fuerte dramatismo y un uso magistral del claroscuro, característico de la tradición barroca. La protagonista, Judith, se encuentra en primer plano, vestida con una lujosa túnica azul y un manto dorado de texturas ricas y bien definidas. Su expresión es serena, aunque cargada de una leve melancolía, lo que añade profundidad psicológica a la escena.
La composición sigue una disposición piramidal, con Judith como eje central de la obra. Su mirada, ligeramente perdida, contrasta con la crudeza del acto que acaba de cometer. Su mano descansa sobre la cabeza decapitada de Holofernes, cuyo rostro muestra signos de agonía y muerte. La tela blanca sobre la mesa refuerza el dramatismo, destacando la sangre y la violencia implícita en la escena.
El fondo oscuro y los contrastes lumínicos recuerdan la influencia de Caravaggio y su tenebrismo, técnica ampliamente adoptada por los pintores italianos del Barroco. La luz incide directamente sobre Judith, resaltando su piel pálida y su expresión, lo que la convierte en el foco de atención. En su mano derecha, sostiene una daga aún manchada, prueba del acto heroico narrado en el Antiguo Testamento.
La historia de esta viuda hebrea, en plena guerra de Israel contra el ejército babilónico, erróneamente denominado asirio. De bellas facciones, alta educación y enorme piedad, celo religioso y pasión patriótica, Judith descubre que el general invasor, Holofernes, se ha prendado de ella. Acompañada de su criada, la viuda desciende de su ciudad amurallada y sitiada por el ejército extranjero y, engañando al militar para hacerle creer que está enamorada de él, consigue ingresar a su tienda de campaña. Una vez allí, en lugar de ceder a sus reclamos galantes, lo embriaga. Cuando Holofernes cae dormido, Judith le corta la cabeza, sembrando la confusión en el ejército de Babilonia y obteniendo de este modo la victoria para Israel. Se trata de un tema frecuente en la historia del arte a partir del barroco, principalmente. Si bien en época barroca se buscó expresamente el dramatismo y la plasmación cruenta de la historia, y de ahí que se escogiera generalmente el momento de la decapitación, en época neoclásica se prefiere una estética más atemperada y épica, tal y como aquí vemos.