JUAN DE ESPINAL (Sevilla, 1714 – 1783).
“Escena del Antiguo Testamento”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 48 x 67,8 cm.
Esta pintura, atribuida al pintor sevillano Juan del Espinal, representa una escena del Antiguo Testamento, llena de dramatismo y simbolismo. En primer plano, vemos a una joven mujer vestida de blanco y azul, que parece ser una figura central de la narrativa. Su postura es elegante, con un brazo extendido hacia un hombre vestido de manera rica y colorida, quien le ofrece un objeto brillante, probablemente un collar o joya, mientras sostiene un gesto de ofrecimiento. Esto sugiere un intercambio o una negociación que podría tener un trasfondo importante dentro de la historia bíblica.El fondo presenta detalles que añaden contexto. A la derecha, se vislumbran camellos y una figura masculina cargando lo que parece ser un objeto pesado o algún tipo de carga, lo que puede indicar un viaje o un contexto comercial. A la izquierda, otra mujer se encuentra ligeramente de perfil, observando la escena con atención.La iluminación enfatiza a los protagonistas principales, mientras que el ambiente oscuro y los tonos cálidos del fondo evocan un aire de misterio y antigüedad. Este tipo de composición y temática era común en el arte barroco, buscando dramatizar relatos bíblicos y atraer la devoción religiosa.
Juan de Espinal fue capaz de superar el por entonces predominante espíritu murillesco imperante en la pintura local, abriéndose a otras tendencias provenientes de Europa, entre las cuales predominaba el estilo rococó. Poseyó un elegante sentido del cromatismo, una pincelada ligera y un dibujo ágil y vibrante, tal y como vemos en este San Miguel Arcángel. Dentro de las atribuciones, se pueden citar la Inmaculada Concepción conservada en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid y la decoración al temple de la bóveda de la Iglesia de San Francisco de Utrera, sobre el tema Apoteosis de la Orden jesuítica. También se le ha atribuido una serie de trece pinturas de formato circular, conservadas ahora en la Santa Casa de Loyola en Guipúzcoa, copias posiblemente de la serie de historias jesuíticas que para el Noviciado de Madrid pintó el jesuita flamenco Ignacio Raeth. Hijo del también pintor Gregorio Espinal, Juan de Espinal debió de recibir las primeras enseñanzas artísticas de su padre. Realizó su aprendizaje en el taller de Domingo Martínez, donde con toda probabilidad conoció a la hija de su maestro, Juana Martínez, con la que más tarde se casaría. En 1749 tras la muerte de su suegro y maestro, heredó el taller de este y presumiblemente su clientela, gozando de una prestigiosa posición. Prueba de ello son los diferentes encargos que recibió, tanto del ayuntamiento de la ciudad, como de la jerarquía eclesiástica. Otra de sus facetas fue la enseñanza, siendo uno de los principales impulsores de la escuela de arte conocida como Real Escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla y director de la sección de pintura de esta desde 1775. Su primera obra de la que tenemos constancia es la decoración al temple de la bóveda de la Iglesia del Salvador (Sevilla). Se trata de una representación de la Gloria celestial presidida por el Espíritu Santo en forma de paloma. De 1759 data el encargo que le realizó el Ayuntamiento de Sevilla para que pintara un cuadro sobre las Santas Justa y Rufina, tema ya tratado por Murillo. El resultado fue una espléndida obra en la que Espinal introdujo novedades iconográficas en la representación de estas santas. Otras de sus obras más brillantes son la Alegoría de la pintura Sevillana, actualmente expuesta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), y San Carlos Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán (Iglesia de San Nicolás de Bari de Sevilla). Su mejor conjunto de obras es sin duda, la serie de quince pinturas sobre temas religiosos realizadas por encargo del arzobispo de Sevilla Don Francisco Javier Delgado y Venegas y que actualmente se encuentran en el Palacio Arzobispal.