JOAN MIRÓ I FERRÀ (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983).
"La fourmi rose II". 1978.
Grabado, ejemplar 26/30.
Firmado y justificado a lápiz.
Medidas: 21,2 x 32 cm (pisada).; 50 x 65 cm (papel); 78 x 92 cm (marco)
En "Hormiga rosa II" (1978), Joan Miró despliega su característico lenguaje plástico, en el que las formas simplificadas y el cromatismo vibrante dan lugar a un universo onírico y lleno de lirismo. La obra muestra una criatura de morfología ambigua, de la que distinguimos un ojo prominente, una presencia que sugiere vida y conciencia dentro del espacio pictórico. Su forma esquemática podría evocar un perro, aunque en el imaginario de Miró, las figuras suelen desbordar su referente, deslizándose hacia lo simbólico y lo fantástico. Bajo esta criatura aparece lo que parece ser una hormiga, un motivo recurrente en la obra del artista y cargado de significados. Para Miró, los insectos eran símbolos de la energía primordial de la naturaleza, del mundo microscópico que coexiste con el nuestro y que, en su visión poética, tenía tanto peso como los astros o las formas humanas. La hormiga, en particular, se vincula con la idea de movimiento, transformación y persistencia, cualidades que se alinean con la concepción vitalista y cósmica del arte de Miró. En cuanto al color, Miró emplea su habitual paleta primaria: amarillo, rojo, azul y verde, además del negro, que estructura la composición. Estos colores no solo generan un impacto visual fuerte, sino que responden a su búsqueda de una pintura esencial, casi primitiva, donde cada tono tiene una vibración propia y dialoga con el vacío del fondo. En cuanto a la técnica, la obra se inscribe dentro de la producción gráfica de Miró en los años 70, cuando el artista experimentaba con el grabado y la litografía como medios para expandir su lenguaje visual.
Joan Miró se forma en Barcelona, y debuta individualmente en 1918, en las Galerías Dalmau. En 1920 se traslada a París y se encuentra con Picasso, Raynal, Max Jacob, Tzara y los dadaístas. Allí, bajo la influencia de los poetas y pintores surrealistas, va madurando su estilo; trata de trasponer a lo visual la poesía surrealista, basándose en la memoria, la fantasía y lo irracional. Su tercera exposición en París, en 1928, supone su primer gran triunfo: el Museo de Arte Moderno de Nueva York adquiere dos obras suyas. Regresa a España en 1941, y ese mismo año dicho museo le dedica una retrospectiva que supondrá su definitiva consagración internacional. A lo largo de su vida recibió numerosos galardones, como los Grandes Premios de la Bienal de Venecia de y de la Fundación Guggenheim en, el Carnegie de Pintura en, las Medallas de Oro de la Generalitat de Cataluña y de las Bellas Artes, y fue nombrado Doctor Honoris Causa por las universidades de Harvard y Barcelona. En la actualidad su producción puede contemplarse en la Fundación Joan Miró de Barcelona, así como en el Museo Thyssen-Bornemisza, el MoMA de Nueva York, el Museo Reina Sofía de Madrid, la National Gallery de Washington, el MNAM de París o la Albright-Knox Art Gallery de Buffalo.