Navaja, Andalucía; c. 1880.
Hoja de acero, latón y asta.
Presenta inscripción.
Medidas: 65 x 6 x 2 cm (abierta); 35 cm (cerrada).
Navaja andaluza en cuya hoja se puede leer la inscripción “No me presto ni me doy, solo de mi duelo soy, 1880”. La navaja existe ya en época romana, pero su uso se extenderá especialmente a partir del siglo XVI, cuando pronto se convirtió en un arma indispensable para garantizar la seguridad ante un posible ataque inesperado. Durante este momento determinadas armas, como espadas y sables, tenían reservado su uso para la clase noble y la milicia, no pudiendo ser utilizado por los ciudadanos de a pie. De ahí el rápido éxito de la navaja, un arma que pese a su menor tamaño tenía la ventaja de duplicar su largo al abrirse, a la vez que pesaba menos. Por tanto, era más fácil de ocultar y de llevar, además de igualmente eficaz.