Relicario; Norte de Italia, finales del siglo XIX.
Madera ebonizada, bronce dorado, latón y esmalte.
Medidas: 38 x 23 x 12 cm.
Mueble tabernáculo con puerta central, flanqueada por columnas caladas que rematan en forma de ángel cuyas alas sustentan el entablamento de la zona superior. Área que remata con un gran tímpano coronado por una escultura de bulto redondo realizada en bronce dorado que presenta a la Virgen María. Esta es adorada por dos ángeles también de bronce, situada cada uno de ellos en cada esquina del entablamento. El interior de este mueble está adorando por un relieve concebido en varios planos; el primero encuadra la imagen a modo de marco y queda definido por una orla de flores y frutas coronada por angelitos. En segundo plano se aprecia una orla de nubles con ángeles niños que tratan de coronar a la virgen. Finalmente, en último plano pero en alto relieve se aprecia la figura de la Virgen sedente con el Niño en sus rodillas.
Este tipo de fueron las más realizadas en del norte de Italia y se exportaron a toda Europa, siendo enormemente apreciadas por las clases aristocráticas. La realización de este tipo de objetos religiosos, concebidos para albergar las reliquias de los santos, fue habitual desde el periodo gótico, destacaron tanto las cruces o las denominadas “testas”, las cuales, en la documentación contemporánea a su realización, eran muy populares. Empleadas para contener reliquias. A pesar de que muchas de ellas adoptaban formas muy diversas, todas poseían la misma finalidad devocional, que en ocasiones traspasaba el fanatismo. Es preciso recordar, sin embargo, que entonces se consideraba como reliquia sagrada a prácticamente cualquier elemento que hubiera estado en contacto con el santo o con sus restos mortales (paños, tierra de la sepultura, etc.). Lo cual desencadenó todo un mercado en torno a este tipo de objetos. Los mejores ejemplos se realizaron en metales preciosos, pero ejemplares como el presente también fueron muy valorados, por el continente y, sobre todo, por el contenido.