Atribuido a PEDRO DE MENA (Granada, 1628 -Málaga, 1688).
“San Pedro de Alcántara”.
Madera tallada.
Medidas: 73 x 40 x 20 cm; 83 x 37 x 29 cm (peana).
En cuanto al santo representado, su hábito como franciscano y sus características estéticas remiten a San Pedro de Alcántara, quien decidió unirse a los franciscanos a la edad de 16 años poco después de que su padrastro lo envió a la universidad en Salamanca. Al regresar a casa, se convirtió en un fraile franciscano de la Observancia más estricta en el convento de Manxaretes, Extremadura, en 1515. A la edad de veintidós años fue enviado a fundar una nueva comunidad de la Observancia más estricta en Badajoz. Fue ordenado sacerdote en 1524, y al año siguiente fue nombrado Guardián del convento de Santa María de los Ángeles en Robredillo, Castilla la Vieja. Unos años más tarde comenzó a predicar con mucho éxito. Fue conocido por su preferencia de predicar a los pobres y sus sermones, tomados en gran parte de los Profetas y Libros Sapientiales.
Estilísticamente la obra se inscribe el círculo de Pedro de Mena era hijo del escultor Alonso de Mena, cuyo taller era el más importante de Granada hasta la llegada de Alonso Cano. Formado con su padre, a la muerte de éste se queda al frente del obrador, y trabaja conjuntamente con Bernardo de Mora. Realiza en esa época cuatro esculturas para la iglesia de San Matías de Granada, la Sagrada Familia de los capuchinos de la misma ciudad, y el San Antonio del Museo Municipal de Málaga. Posteriormente trabaja con Alonso Cano después de que éste se instale en Granada en 1652. Talla cuatro esculturas de santos de gran tamaño que le encargan a Cano para el convento del Ángel Custodio y también una Concepción para la iglesia parroquial de Alhendín en la vega granadina. Después, en 1658, se marcha a Málaga debido al encargo de realizar la sillería del coro de la catedral, que había sido trazada en 1633 por Luis Ortiz de Vargas, quien empezó la talla dejándola inconclusa. Continúa la obra José Micael y Alfaro, pero finalmente es Mena quien realiza la mayor parte, tallando los cuarenta y tres tableros que faltaban, y los remates de la coronación de la sillería. En esta obra muestra su gran habilidad técnica y su capacidad para crear una gran variedad de rostros, tipos y composiciones. En 1662 viaja a la corte reclamado por don Juan José de Austria. En este breve viaje visita también Toledo. Para don Juan José talla una escultura de la Virgen del Pilar con Santiago apóstol al pie. En Madrid realiza, además, un Crucifijo para el príncipe Doria, que es remitido a Génova. En Toledo talla el San Francisco conservado en el Tesoro Catedralicio, que es una de sus obras más señaladas. De pequeño tamaño, como era habitual en el arte granadino, aparece de pie, erguido, con la cabeza algo levantada y ojos dirigidos al cielo. Es nombrado escultor de la catedral de Toledo. Casi al final de su viaje inicia en Madrid Magdalena penitente (Prado), que acaba, a su vuelta, en Málaga. Allí crea un importante taller y realiza numerosas obras.